diumenge, 14 de maig de 2017

El proper mes de juny comentarem el llibre
Repós Etern i altres narracións de

Vassili Grossman


Eterno reposo y otras narraciones
Vasili Grossman
Traducción de Andréi Kozinets. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Barcelona, 2013. 245 páginas. 18 euros.
RAFAEL NARBONA | 03/01/2014 |  Edición impresa
Corresponsal del diario Estrella Roja, el ingeniero químico Vasili Grossman acompañó a las tropas soviéticas desde Stalingrado hasta Berlín, descubriendo por el camino los campos de exterminio de Majdanek y Treblinka. Hijo de una acomodada familia judía, su madre murió en Berdichev, fusilada con otras 35.000 personas por los Einsatzgruppen. Su tragedia personal se agravó cuando el régimen de Stalin experimentó un giro antisemita y prohibió sus obras. Grossman murió en 1964, convencido de que había perdido irremisiblemente el manuscrito de Vida y destino (1960), una novela monumental que se ha comparado con Guerra y Paz y que no se publicaría en Suiza hasta 1980.

Grossman cultivó el periodismo, la novela y el cuento. <em>Eterno reposo y otras narraciones reúne ocho relatos ambientados en la Segunda Guerra Mundial y en los años de terror estalinista. Las piezas más notables son Tiergarten, La Madonna Sixtina y Eterno reposoTiergarten relata los avatares del zoológico de Berlín durante las últimas semanas del Tercer Reich. Ramm es uno de los cuidadores y siente un especial aprecio hacia el gorila Fritzi. Aunque pertenece a ese amplio sector de la sociedad alemana que se dejó seducir por la retórica de Hitler, su convivencia con los animales y las penalidades de la contienda le han abierto los ojos. De hecho, advierte una triste semejanza entre los animales enjaulados o destinados al consumo y los deportados a Dachau o Mauthausen. “Los animales son los seres más oprimidos de la Tierra”, opina Ramm. Se justifica su exterminio o su encierro con argumentos darwinistas, pero lo cierto es que la especie humana, lejos de ser la cúspide la creación, actúa de una forma increíblemente dañina, pues su violencia afecta incluso a sus propios semejantes. Los mataderos y las cámaras de gas rebosan la misma crueldad. Al observar los ojos de unos caballos que caminan hacia el matadero, Ramm aprecia el desconsuelo de los seres inocentes inmolados en nombre de ideologías aberrantes. Sólo los niños, los ancianos y los soldados derrotados atisban este drama, que mancha la conciencia de todos.

La Madonna Sixtina es un apólogo basado en la peripecia del famoso cuadro de Rafael Sanzio. Trasladado a Moscú por el Ejército Rojo, será devuelto a Dresde en 1955. Antes de restituir la obra, será expuesta durante 90 días, lo cual permitirá a Grossman contemplar la tela y reflexionar sobre los horrores de la guerra. La imagen de la Virgen con el Niño evoca el dolor de las madres que entraron con sus hijos en brazos en la cámara de gas de Treblinka. Treblinka no es una anomalía transitoria, sino la Capilla Sixtina de una cultura que procesa al ser humano como materia fungible. Sin embargo, la obra de Rafael es la “eterna vencedora”, pues su inequívoca belleza consagra la fe en “la vida y la libertad”. El totalitarismo sólo deja un rastro de cenizas. La vida y la libertad, que deben ser una misma cosa, son la luz que guía a la humanidad y encarnan la esperanza de los pueblos.

Eterno reposo es el mejor cuento del libro y, sin duda, una obra maestra del género. Grossman describe y poetiza la rutina del cementerio moscovita de Vagánkovskoie. Lejos de patetismos o filigranas góticas, el cementerio es un lugar alegre, luminoso y lleno de actividad: “...cuán poca tristeza se respira allí”. En un cementerio, las disputas familiares y los desengaños caen en el olvido “Todos los enredos dolorosos de antaño devienen claridad”. Entre sus muros rojos, palpita “el espíritu de la Internacional, el delirio dulce de la Comuna y los himnos embriagadores de la revolución”. Sin negar las atrocidades cometidas en nombre de la Raza o el Progreso, Grossman imprime a sus cuentos un aire optimista y utópico. En el corazón del ser humano, anidan los sentimientos más nobles: amor, sacrificio, perdón. Nuestra civilización engendró Auschwitz e Hiroshima, pero también el amor de las madres que canturreaban a sus hijos en Treblinka, derrotando al odio y a la malicia con ternura y heroísmo. La obra de Grossman sigue goteando páginas que nos ayudan a comprender la historia y a no perder la ilusión por un futuro mejor.